HORAS DE OSCURIDAD BUSCANDO LA LUZ
El tiempo no alcanza, siempre estoy cansada, las horas son tan cortas...el trabajo se acumula, la familia se descuida, las horas se vuelven minutos y los minutos segundos.
Siempre el cansancio esta allí.. en mi cuerpo, en mis ojos, sueños acumulados, diálogos aplazados... Necesitamos tiempo, tiempo para los hijos, tiempo para la familia, tiempo para nuestro cuerpo, tiempo para el descanso...
Y de pronto... un día, en una nación lejana, la noticia de una terrible enfermedad, un abominable virus se deja ver y sentir en miles y miles de personas, personas que por medio de unos alimentos consumidos, anidan la espantosa pestilencia que ahora al mundo lo tiene de rodillas.
Ahora, paises, ciudades, pueblos, naciones enteras; ricos, pobres, estan resguardadas, ahora nos piden lo que tanto necesitábamos: RESGUARDARNOS EN CASA, ahora tenemos EL TIEMPO DE NUESTRO LADO, podremos dialogar con nuestras familias, jugar con nuestros hijos, poder escuchar a nuestros abuelos, sacar los juegos de mesa del cuarto de los checheres.
Los hospitales se llenan de enfermos, los médicos, enfermeras y enfermeros se desesperan, nuestros hermanos mueren, los ancianos están angustiados, sus horas son cortas, su cuerpo no resistirá, los representantes de todas las naciones dictan reglas que debemos cumplir, ahora nos exigen estar en casa, ahora sí tendremos tiempo... demasiado tiempo...
Las horas pasan, nos desesperamos, empresas cerradas, el dinero se agota, la comida se acaba, la vida cambia; todos sentimos el cansancio... no del trabajo, sino del descanso... Acaso eso no era lo que necesitábamos?. No lo entendemos.
La nieta grita: abuelito no salgas, pero él no entiende el porqué del encerramiento, solo reniega y discute, el vendedor ambulante no quiere aceptar el mandato, necesita el dinero... el mundo está en total angustia y desespero.
Ya no hay saludos, ya no hay besos... el amigo, el compadre, el hermano, ya no se visita, solo llamadas telefónicas y mensajes, las personas solo están en casa guardados, la tempestad afuera suena, ruge, es peligrosa para la humanidad.
Pero hay algo que es fantástico de todo este terror y dolor... la NATURALEZA RESPIRA, LA NATURALEZA VIVE... Ella descansa de la implacable mano destructora del humano, los peces vuelven, los pájaros cantan, los animales salen a disfrutar con sus familias sin peligro por la pradera.
Y que hace la humanidad entera?. Ora de rodillas a Dios, a ese Dios que estaba olvidado, olvidado de tanto ruido y trabajo del hombre, hombre que olvida, hombre incrédulo de los designios de un Ser que nos creó, que nos cuida y que por encima de su palabra NADIE PASARA... a Él, a quien hay que respetar.
Pasan los días, pasan las horas, horas de incertidumbre, de angustia, solo hay que esperar y confiar en que todo pase...
Aprovechemos el tiempo para volver a conquistar a esos hijos que estaban abandonados, para volver a jugar juegos del pasado, padres que ya no sentían el amor de sus hijos, abuelos que estaban olvidados.
Alguien dice: EL MUNDO ESTA EN UNA PANDEMIA, el mundo está recibiendo lo que el desorden ha sembrado: muertes, violaciones, crímenes terribles, maltrato a los seres inocentes, hijos que no entienden el respeto y la obediencia, padres irresponsables, mujeres que se olvidaron de ser madres y lo que es más terrible... el HOMBRE SE HA OLVIDADO DE DIOS.
Postremonos de rodillas, pidamos perdón, necesitamos volver a amar, volver a orar, volver a sentir la naturaleza, florecer, volver a dialogar y pedir tiempo para jugar, volvamos a ser niños para equilibrar la humanidad, una humanidad huérfana de amor, de comprensión, de ternura, una humanidad que necesita creer en una familia para volver a amar a DIOS.
Por: Rosalba Artunduaga Marlés.
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