ISIDRO
ISIDRO.
ISIDRO, nombre de Santo, nombre que nos lleva a recordar a una persona bondadosa, cariñosa, con actitudes llenas de humildad y entrega, nombre lleno de amor celestial, consagrado a la voluntad de Dios.
Nombre de la persona más humilde y buena, nombre de un hombre que nos trae a nuestra mente un ser súper especial, una persona llena de alegría y de espiritualidad, que nos enseño a ver la vida de otra manera, a tener fe en nosotros mismos, una persona que nos enseñó con su ejemplo, la entrega total en las labores del campo.
Tío Chillo, o Chillo A... como cariñosamente le decíamos los que lo amabamos, ya que con su alegría contagiaba a la familia y amigos, sus dichos populares con los que hoy le recordamos son muchos y los cuales repetimos jocosamente para recordarle.
Son ellos los más conocidos: "Ya voy Toño"; "Pende es el que cree que otro es pende"; "Cada quien estudia en el libro de su cabeza"; "Ni te conozco mosco"; "Preguntan por ti, quien?"; "El billete de cien, ya caite"; "Luna nueva, ahorita vengo"; "Songo sorongo"; "Ya, yo, ya"; "Cogió la carretera negra, mi cuate". Y otros muchos que a través del canto los transformaba en chiste, tal como: "Yo tenía una luz que a mí me alumbraba y llega la brisa y zas y me lapagaba", y muchos más que con el tiempo y las circunstancias salen a flote en nuestro diario vivir y recordar.
Que cumpliamos años?, pues él estaba listo con su canción ranchera para cantarnos y felicitarnos, se acompañaba con una buena violina o dulzaina, que tocaba con mucha facilidad y hermosura.
La música popular y la ranchera eran sus preferidas, su voz estaba siempre llena de alegría y gozo. Su caminar lento y preciso dejaba ver los años cargados de mundo, cargados de historia. A pesar de su gran soledad, se las ingenio para que su corazón, en muchas oportunidades se desbordara de dicha y felicidad al enamorarse de una hermosa mujer.
Como San Isidro Labrador, el campo para él era su debilidad y gozo, fue labriego, campesino lleno de vitalidad y poesía, para él la naturaleza era su comunión y contento, el sol su fiel amigo, los cambios del tiempo los miraba en la brisa, en el viento, en la luna, en el sol y los luceros, en el agua de los lagos y ríos y en las majestuosas montañas que se convertían en canción cuando la lluvia las besaba.
Cuando escuchaba música su cuerpo se transformaba y vibraba, no importaba que fuese en la casa, en la calle o en el coro de una Iglesia; para mover su cuerpo sólo era que las notas se dejarán escuchar, no importaba que se encontrará en fila para comulgar o en una reunión de amigos o familiares... solo era él, ISIDRO AREVALO, el amigo, el vecino, el tío y el hermano que siempre recordaremos.
Por: Rosalba Artunduaga Marlés
17 de mayo de 2020.
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