LA VENGANZA DE LOS PÁJAROS.

LA VENGANZA DE LOS PÁJAROS.


(Caso de la vida real)

Hace aproximadamente un mes, el gato Pombo cazó un pajarito de los Pitohúe y lo trajo a casa casi muerto, tenía su colita arrancada y una de sus alitas en muy malas condiciones, uno de sus ojitos muy mal, creo que no le servía pues uno de los colmillos del gato se lo había dañado, en su gran pelea por salvar su vida. 


Logramos arrebatar de sus fauces al pobre pajarito que con su piquito abierto miraba al gato como suplicandole que no lo matara.

Al sentirse libre de ese monstruo se quedó quietecito, esperando que más podría hacerle, estaba muy asustado, su corazoncito palpitaba muy apresurado y sólo se dejaba escuchar un graznido desde lo más profundo de su garganta.

Le dimos agua con un poco de azúcar, la tomó y muy cuidadosamente lo colocamos en una caja. Allí pasó la noche y al otro día le dimos una mínima porción de antibiótico; el Pitohúe se fue recuperando, no comía nada pero si tomaba agua, así que al pasar tres días ya quería irse, pero su ojito y su ala estaban mal.


Lo saqué y lo coloqué en el jardín del patio de atrás, él empezó a saltar y subió fácilmente por un árbol de guanabano. Arriba empezó a sacudirse y a tratar de conseguir alimentarse de animalitos que encontraba en las hojas del árbol.

Las horas pasaron y al atardecer el gato POMBO se dio cuenta que su presa estaba en el techo, subió tan rápido que cuando quisimos reaccionar ya era demasiado tarde, el muy pícaro ya lo bajaba por el mismo árbol que había subido, lo traía agarrado con sus dientes y el pobre pajarito no hacía sino piar y pedir clemencia.


Llamamos todos a POMBO, gritabamos y le ordenabamos que lo soltara, el gato lo soltó y prontamente lo volvimos a coger, lo revisamos para verificar que mal le había hecho, pero parecía que no lo había lastimado mucho; volvimos a darle agua y a meterlo nuevamente a la caja, le volvimos a dar antibiótico, el pajarito se volvió a recuperar y como a otros tres días, subió nuevamente al árbol, al rato llegaron unos amigos y empezaron una conversación bastante animada con el enfermo, volaron los amigos dejándolo a él sobre las ramas.

Al gato lo encerramos por tres días para que no lo volviera a bajar del techo. No supimos más del pajarito, quizá se fue o se cayó... no se sabe que fue de su vida, sólo se sabe que POMBO no lo volvió a bajar del techo.

Hoy, cual no sería la gran sorpresa al mirar que tres Pitohúe, con gran furia atacaban a POMBO, se venían en picada y clavaban sus largos y afilados picos en la cabeza del gato, éste asustado pero listo para agarrarlos, si ellos se descuidaban, se escondía en las plantas del jardin; para los furiosos y vengadores pajaros no les importaba que estuviéramos nosotros junto al gato, pues bajaban y lo atacaban.

Agarré al gato y ellos con gran alboroto volvían a bajar tratando de picotearlo sin importar que yo lo tenía en mis brazos; eso fue una venganza de ellos por lo que el gato le había hecho a su amigo el Pitohúe.

MORALEJA: Nunca hagas a otro lo que no te gustaría que te hicieran a tí. 

FOTOS DE LA VIDA REAL.


POMBO.

El pajarito herido en la caja.

Gato agazapado por el ataque de los pajaros. 

Pajaros listos para el ataque.


Por: Rosalba Artunduaga Marlés

Mayo 28 del 2020.

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