EL GATO DE MI HERMANA.

EL GATO DE MI HERMANA.

Érase una vez una familia hermosa, qué vivía en las afueras de una ciudad muy congestionada y muy poblada.
Dicha ciudad contaba con las cuatro estaciones, así que su mejestuosidad de praderas y Vallés eran una ensoñación.

 Esta familia estaba conformado por: mamá papá y abuelos y tres hermosos hermanos, dos niñas y un niño, sus rostros sonrosados y sus cabellos como el color del sol, sus labios rojos eran preciosas rosas de un jardín florecido. 
 Esos preciosos niños, cada uno tenía su mascota: el niño Julián tenía un hermoso perro, su cuerpecito todo cubierto de pelo largo y copioso, pues tenían que cortarle un poco alrededor de sus ojos para que pudiera ver, era blanco cual copo de nieve, su nombre era BOTONCITO.
La mascota de la niña Perlita era un mini cerdito, rosadito y juguetón que siempre permanencia junto a ella con su hociquito pequeño y rosado, llamado CHISPITA, hociquiaba la tierra junto al jardín, contrariando a su madre porque algunas veces dañaba sus preciosas flores. 
 Su hija menor, María, su mascota era un precioso gato Angora, llamado MANOÑAU, era de color gris, tenía una cola muy hermosa, su caminar lento y juguetón lo hacía ver majestuoso y soñador, siempre permanecía junto a María, ella lo crió desde muy pequeñito y lo protegió contra las temporadas del calor, la lluvia y el frío dándole todo su amor.
 Manoñau era muy inteligente, sabía cuando su ama le ordenaba algo, pues siempre estaba listo para hacerla feliz y complacerla en todo lo que ella le ordenara.
Siempre había problemas entre el perro Botoncito y el cerdito Chispita, pues el gato se encabristaba sobre ellos haciéndolos ponerse de mal genio y los dejaba rabiando y él salía corriendo y se subía a los árboles, de allí les hacía mofa con su cola y los miraba fijamente con sus grandes ojos azul cielo.
Los hermanos siempre salía a la pradera, junto a un lago, el cual tenía preciosos árboles florecido en su orrilla, dando un paisaje lleno de armonía y plenitud.
Allí cada quien jugaba con sus mascotas plácidamente; el gato podía subir rápidamente a los árboles y desde allí ver el panorama, mientras que el cerdito y el perro no lo podia hacer, así que empezaba el perro a ladrar y el cerdito a subir su hociquito buscando al gato travieso que se burlaba de ellos.
 Pasaron los años y los tres hermanos fueron muy felices, pues el amor entre ellos crecía cada día más y más, lo mismo pasaba con sus mascotas que siempre el que se imponía en ellos era Manoñau por su velocidad y capacidad de desplazamiento felino.


Por: Rosalba Artunduaga Marlés

9 de julio 2020.





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