RELATOS SOBRE NATURALES
RELATOS
SOBRE NATURAL.
En los tiempos de
nuestros abuelos, los cuales fueron en una finca, grande y con muchos plantíos
de pan coger, por la zona del Amazonia y parte de los hermosos Llanos
Orientales, en donde las leyendas de espanto y apariciones eran naturales entre
los colonos, relatos de brujas, Tunjos
(estatuillas de oro encontradas en tumbas de indios), Duendes, que toman forma
de niños, que juegan y otros lloran, otros se transforman en animales, tales
como gatos, perros y potros, son contados por muchos que le han ocurrido ya sea
porque regresan a sus hogares borrachos o están en mal paso.
En noches oscuras o
lluviosas, los trabajadores se juntaban para contar sus experiencias, nosotros
nos acercábamos para escucharlas, a escondidas de nuestros padres ya que ellos
nos decían: “después no duermen por estar escuchando esos cuentos”, pero
nosotros siempre teníamos curiosidad de esas conversaciones y luego, tarde de
la noche corríamos a acostarnos en su cama.
CUENTO DE LA
LLORONA.
Muchos ya conocen
esta leyenda, es de una madre que llora buscando a sus hijos perdidos, pero
esta vez le paso a un paisa que trabajaba en la finca y que a pesar de sentir
pavor por revivir esos momentos, empezó su terrible relato:
“Había pasado todo
el día en el pueblo bebiendo trago sin acordarme de mi esposa y mis hijos que
esperaban el mercado, ya el dinero casi se había terminado y seguía allí tome
que tome, tenía a mi lado a una hermosa chica, la cual con sus caricias me
hacía muy feliz, olvidando mis responsabilidades.
Ya al anochecer y
sintiendo que mi cuerpo ya no me quería sostener, decidí marcharme, recogí mi
sombrero, mi poncho y carriel y Salí dando tropiezos, si hubiese sabido lo que
me iba a suceder mejor me hubiese quedado allí.
El carro me dejo a
la entrada de la finca, de allí quedaba como a 15 minutos de distancia y tenía
que pasar por un bosque, el cual era bastante oscuro y sus grandes árboles
formaban un lugar, que en el día era hermoso, con sus grandes bejucos que
colgaban de sus largas ramas y una gran cantidad de animales que en él Vivian,
pero era de noche y muy tarde, pues eran un poco más de media noche, la
oscuridad hacia que cada bejuco eran gigantes enormes, el sonido era muy
diferente que en el día.
Mi borrachera y mis
horas vividas con mujeres y amigos hacían que no les pusiera cuidado a estas
cosas; pero un sonido llego a mis oídos, detuve el paso y puse cuidado, me
pareció como el quejido de un gato o lechuza, no hice caso y seguí caminando
tropezando con troncos y piedras; pero nuevamente y más claro volví a
escucharlo, era un quejido, como animal y que justo estaba tras de mí; mi
borrachera se disipo y todo mi cuerpo se paralizo, en esos momentos la luz de
la luna paso por los ramajes de los árboles y al voltear…mi corazón casi se
sale de mi pecho, allí, delante de mí se encontraba una mujer, sus largos
cabellos en desorden y parte de ellos cubriendo su rostro, arrugado y
cadavérico y su vestido raído, sucio y en forma de túnica, se balanceaba por la
brisa de la noche, sus huesudas manos aferraban un largo bastón que lo hacía
balancear cerca de mí.
Sollozaba
lastimosamente…retrocedí lleno de pánico, la borrachera había desaparecido por
completo, solo miraba el espectro de mujer que estaba allí parada delante de
mí; sus manos huesudas trataron de tocarme, yo di un brinco de espanto, ella
lanzó una risa espeluznante que mesclo entre llanto y dijo con su voz ronca y
con su boca babeando como perro con rabia:
“Entrégame a mis
hijos, no quiero que sean borrachos, malos padres y mujeriegos como
tú…entrégame a mis hijos desgraciado y mal hombre...”
Yo con el corazón
que ya se me salía, casi la voz no quería salir de mi boca…le conteste:
“Yo no tengo a sus
hijos…no sé de qué me hablas…”
Ella seguía
acercándose más y más amí, su llanto era más fuerte, de pronto un olor fuerte a
podrido, a carne en disposición se sintió en todo el bosque, ella continúo
diciendo:
“No iras muy lejos,
borracho perdido, me darás a mis hijos ahora o si no te llevaré conmigo en
estos momentos…” Lanzó una fuerte risotada con mezcla de llanto.
En esos momentos
grite muy fuerte:
“Señor… Jesús todo
Poderoso, ayúdame… protéjame de todo mal…Padre nuestro que estas en los
cielos…”
Al abrir mis ojos,
la mujer ya no estaba, salí corriendo con todas mis fuerzas, ya no había ni
rastros de borrachera, solo quería salir de allí pronto. Al llegar junto al
rio, éste se encontraba crecido, estaba sucio y su olaje era fuerte; no me
importo nada de eso, me lancé y empecé a nadar frenéticamente hasta la otra
orilla, pidiendo a Dios su ayuda.
Los rayos del sol
ya empezaron a salir por las puntas de los grandes cerros, los pajaritos
empezaban ya sus cantares y yo, que ya me encontraba más tranquilo, estaba
listo para continuar mis labores, no sin antes abrazar a mi esposa y mis
hijitos y prometerles nunca más volver a tomarme un trago, ser más amorosos y
responsable en el hogar.
Abril 7 del 2024
Rosalba Artunduaga

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