FINAL FELIZ.
FIMAL FELIZ.

Este es un sueño que tuve. Muy angustioso, pero que al final fue de felicidad.
Nos encontrábamos, mi esposo Oscar, yo y mis hijos Oscar y Luis Fernando, estos tenían una edad de 15 a 13 años de edad, en un campeonato; había 2 niñas aproximadamente de la misma edad de mis hijos, ellas estaban bajadas en una casa lejos del pueblo.
Al terminar las competencias ellas decidieron ir a su apartamento, mis hijos decidieron acompañarlas, pero nosotros dos dijimos que no los íbamos a dejar ir solos, ya que había que cruzar un bosque bastante grande y peligroso y ellos eran adolescentes, así que iríamos con ellos y también llevaríamos a Baguera, la perra, para que nos acompañara.
En la entrada al bosque la perra se echó y no quiso seguirnos, la llamábamos, pero ella solo gemía y hacia ademanes de no querer ir con nosotros, que ella se quería quedar allí. Yo le dije: “Esta bien, entonces vete y te metes allí en esa jaula y si no salimos al anochecer, nos va a buscar, recuerde Baguera, escucha bien, nos vas a buscar".
Empezamos a caminar por senderos bastante oscuros, a pesar que era de día, el sol apenas entraba sus rayos por los tupidos ramajes de árboles frondosos y grandes, la lluvia de la noche había dejado charcos, los cuales hacían que el caminar fuera lento.
Ya empezábamos a ver el claro del caserío y las chicas entraron a su apartamento, no sin antes darles un beso a cada uno de mis hijos, ellos nunca habían sido besados por mujer alguna, así que Luis Fernando salió corriendo de la emoción, no espero que nosotros lo acompañáramos, Oscar también corría como loquito de la emoción, pero él si nos esperó.
Empecé a llamar a Luis Fernando con todos mis pulmones, llámalo y llámalo, pero él no me contestaba y tampoco se miraba por ninguna parte, empecé a llorar, gritaba su nombre, la tarde empezó a caer y él no se encontraba.
Llegamos a una parte en que había 2 caminos distintos, pensé: “ahora no sabremos porque camino se fue, que podemos hacer”. ¿Nuevamente empecé a llamarlo, mis fuerzas me abandonaban…y si lo habían raptado?
Decidimos seguir caminando, solo lloraba y llamaba a más no poder su nombre, pero todo era en vano. Al llegar al sitio en donde habíamos dejado la perra, ella no estaba allí, el corazón empezó nuevamente a galopar desesperado, ¿y en donde estaba ella? Ahora eran dos los desaparecidos, que podríamos hacer…
Al rato de estar allí desesperados sin saber qué hacer, por una de las entradas del bosque miramos que venía la perra con Luis Fernando, él la sujetaba por su hermosa cola y ella lo guiaba hasta nosotros,
Fue solo un sueño, pero al despertar solo busque a mi perra para agradecerle.
Diciembre del 202428.
Comentarios
Publicar un comentario